Historia

Estrella Polar y el penal más largo del mundo

Este club se caracterizó no solo por su papel deportivo sino también por el desarrollo de actividades sociales como los populares picnics durante el verano bajo la sombra del bosque de sauces que rodeaba a la cancha.

Según se lee en la página 299 de “Algunos recuerdos de mi Allen” el club se fundó en el primer año de la década del ’50, por iniciativa de los vecinos Mauricio Fritz, Tomás Roberts, Ernesto Luis Benedicti, José Irungaray y Fortunato Montenegro, en la zona del Barrio Del Pino. La institución creció rápidamente y participó en los campeonatos de la Liga Confluencia desde 1951. En 1952 inauguró su propio campo de juego ubicado en la zona de chacras, enfrente del establecimiento “Los Viñedos ”. La cancha fue la primera de la zona que tuvo alambrado olímpico. Con el propósito de ampliar la actividad deportiva, se construyó alrededor un velódromo donde mostraron sus habilidades ciclistas de la talla de Pedro Segundo Ossés -el “Gamo Patagónico”- Adolfo Sánchez, Esteban Arroyo y Jorge Viedma. También fue usado para realizar competencias motociclísticas de diversa cilindrada.

Quizá un aspecto que perdura en la memoria de muchas generaciones de allenses es la actividad social del club. Una pista de baile techada, buffet y sanitarios, sirvieron para reunir a socios y amigos en animados bailes los sábados por la noche y en picnics a la canasta los domingos. También, y por muchos años hasta finales de la década del ’60, Estrella Polar fue el lugar elegido por los estudiantes secundarios para realizar sus festejos cada 21 de septiembre. Algunos nombres que forman parte de la historia del Club Estrella Polar: Carlos Molina, Ernesto Raúl Benedicti (“Toscanito”), Nicolás Mansilla, Juan Carlos Moretti (Cacho), Juan Millanao, Luis Candia, Mario Rojas, Nelson Roberts , Nicolás Cides, “Tito” Cides, “Chino” Cides, Evanoe Arévalo, “Refalosa” López, José Sandoval, Antolini, Luis Videla, José Díaz (“Chingolo”), Carlos Ortiz, Raúl y Silvio Dallariva, Choimán, Pompilio Lamela, José Benedicti, Manuel Asencio (Cholo), “Quelo” Valverde, Alcides Castro (“Chilludo”), Ricardo Rúa, Eduardo “Barba Azul” Zura, Juan “Cacho” Zura, Miguel Ángel Addamo, Miguel Ángel Addamo (h), “Púa Sepúlveda”, “Toto” Guevara, Natalio Sánchez, Rubén “Ruedita” Villalba, Pablo Videla, Lito Mesa, Heberto Montenegro, Elito Montenegro, Walterio, Adrián y Horacio Fuentealba, Primo Luis Bellegia, Carlos Bellegia, Walter “Cholo” Roberts , Héctor Negrete, Juan y Carlos Salusoglia, Queipo, Revol, Romeo Piermartiri, Juan Braun, Ferreira, Roberto Suárez, Alfonso Rivero, Carlos Vázquez, Roberto y “Quico Sura, José Franco, Osvaldo Jáureguy. (Por Marta Inés Tenebérculo)

“La cancha del Estrella Polar estaba como a un kilómetro y medio del centro, rodeada por altos álamos (…) La final se jugaba en la cancha del Estrella Polar. Y pese a que el equipo local estaba debilitado, a causa de la ausencia de alguno de sus mejores jugadores, todos sabían que sería difícil hacerse con la victoria. Esta vez el árbitro del partido era el gordo Pepe, el carnicero, quien parecía haber juzgado que sus ciento veinte o ciento treinta kilos reconocidos, a los que había que agregar su metro noventa y tres de estatura, no serían suficientes para intimidar a los más indisciplinados, y por eso había tomado la precaución de no despojarse del cuchilllo que, de manera visible, colgaba de su cintura” (Los reinos perdidos, novela de Maristella Svampa)

El penal más largo del mundo. Hasta el reconocido escritor Osvaldo Soriano se inspiró en su equipo de fútbol para dar vida a una de sus creaciones literarias más apasionantes, “El penal más largo del mundo”. “El penal más fantástico del que yo tenga noticia se tiró en 1958 en un lugar perdido del Valle de Río Negro, en Argentina, un domingo por la tarde en un estadio vacío. Estrella Polar era un club…” Así empezó Osvaldo Soriano (1943-1997) el cuento que leí por primera vez en la Contratapa del “Página 12” hace ya muchos años. Y si bien el texto nunca nombra a nuestro pueblo, la sola mención del club fue un acicate para devorar la historia, recomendarla y hasta leérsela a quienes sospechaba que les podría interesar. Yo sabía que Soriano, hijo de un empleado de Obras Sanitarias, había vivido parte de su adolescencia y juventud en Cipolletti, donde había ganado sus primeros pesos jugando al fútbol. Sabía, por supuesto, que la literatura es ficción y que los recursos de la verosimilitud habilitan la duda. ¿Cuánto había de cierto en la historia de Soriano?

Algunos de los integrantes del plantel del Estrella Polar del ´58 develaron qué elementos de la realidad se colaron en la memoria del “Gordo” para, casi treinta años más tarde, elaborar uno de los cuentos que mejor expresan su maestría narrativa y su pasión futbolera. Es verdad que ganar en Barda del Medio siempre había sido una empresa imposible, que había un “Colorado” en el club, pero no era Rivero sino Roberts, que la camiseta de Estrella Polar era roja y negra, que los jugadores y los hinchas iban a sus compromisos como visitantes en las cajas de los camiones.

Estos datos le sirvieron para pergeñar maravillosamente esta historia en la que el Deportivo Belgrano y Estrella Polar definieron el título de la Liga justamente con un disparo desde los 12 pasos, disparo que demoró una semana en ejecutarse por la gresca monumental que se derramó, como el agua de los tallarines, en una humilde cancha del Alto Valle del Río Negro.

“Podemos olvidar o confundir las huellas de la vida, pero las llevamos a cuestas”- dijo cuando treinta y tres años después volvió a Cipolletti como invitado ilustre de la ciudad. Y contó que al llegar al aeropuerto de Neuquén se le acercó un tipo que confesó haberlo marcado muy fuerte en un partido de fútbol que él escribió, pero que nunca existió…

 

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