Humor

Crónica del inodoro tan pedido

No es bueno tener un solo baño en casa. Resulta incómodo hasta para una familia con pocos integrantes. No quisiera imaginarme una numerosa en la misma situación. Una catástrofe. Un caos de numerosa cola. Uno cree que como jefe de familia tiene prioridad en su uso. No es así. _”Dale viejo, que tengo que salir. Apurate y tirá perfume porque no se banca la baranda”, es la cantinela de todos los viernes o sábados por la noche. Estoy pensando que cuando el presupuesto se apiade de mi construiré un baño para mí solo. En lugar del frío Ferrum, blanco e insulso, cuya única virtud es congelarte las sufridas nalgas en estos inviernos patagónicos, elegiré un inodoro estilo japonés: con asiento reclinable que al apretar un botoncito despida aires virtuosos que disipan esos olores furiosos producto de horribles ronquidos moribundos. Ahora se sumó al reclamo mi  esposa quien me acusa de haber alquilado el santuario y quedarme a vivir. Como no puedo estar haciendo una sola cosa, siempre acompaño el ritual con un librito. Es bueno un poco de cultura en este relato escatológico. Tranquilamente he vuelto a releer la Historia Universal de la Infamia, obra que noto incompleta porque creo que Borges no pasó por Allen. Se perdió de construir varios capítulos con jugosos protagonistas.

“¡Ya va…ya voy…ya salgo! ¡Puta que ni en mi casa puedo estar tranquilo!”. Los jóvenes, en su impetuosa actitud de usar el baño antes de irse de caravana, apoyados por la madre que toma cualquier causa y bandera para estar en tu contra,  arruinan un hermoso momento de meditación y esparcimiento. Cierro el libro y recuerdo los momentos que se viven cuando una necesidad urgente, imperiosa e inevitable invade nuestro ser y no tenemos más remedio que acudir a un baño público. Allí el único entretenimiento es leer lo que otros escribieron en las paredes. Dibujos obscenos, caricaturas de mal gusto, y algunas escrituras ocurrentes que ayudan y alivian el momento: “En este lugar sagrado, en donde viene tanta gente, hace fuerza el más cobarde y se caga el más valiente”. “¡Ocupado!. ¡Ya salgo…Ya salgo! ¿Qué no hay nadie que respete? Claro mi viejo, las ganas no tienen horarios ni fronteras.

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